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Miel cruda artesanal producida en La Punta de Tijarafe, en la isla de La Palma, a partir del néctar de las flores locales y el trabajo de la abeja negra canaria. Se recolecta en frío y se envasa tal y como sale del panal: sin pasteurizar, sin filtrados agresivos y sin ningún tipo de aditivo, jarabe o azúcar añadido. Así mantiene sus enzimas, polen y aromas naturales, con un sabor cambiante según la floración y una cristalización que es señal de autenticidad, no de defecto.
Al elegir esta miel estás apoyando la apicultura local en La Palma y contribuyendo a cuidar un paisaje en el que las abejas son clave para la polinización de frutales y cultivos. Es un producto pensado para quienes valoran la transparencia: sabes de dónde viene, cómo se produce y qué estás poniendo en tu mesa.
Peso: 250g.
Miel cruda de La Palma (La Punta, Tijarafe) – 100% pura, sin filtrar ni calentar, directa de la colmena a tu mesa.
Es miel cruda en el sentido más estricto: no la calentamos, no la pasteurizamos y no la sometemos a filtrados finos que eliminen el polen o los microcristales naturales. Solo retiramos las impurezas gruesas y dejamos que decante de forma natural, respetando al máximo la estructura original del alimento. El resultado es una miel densa, aromática y con textura viva, donde pueden aparecer pequeños restos de cera y polen que hablan de su origen en la colmena.
miel cruda de abeja 100%. Sin azúcar añadido, sin jarabes, sin agua, sin conservantes, sin colorantes y sin mezclas opacas con mieles de otros orígenes. Es un producto de apicultura pequeña y responsable, alineado con nuestra forma de entender la alimentación: menos procesado, más real, más cercano al productor.
Miel cruda producida por el trabajo de la abeja negra canaria en pequeñas colmenas situadas en La Punta de Tijarafe, en la isla de La Palma (Canarias), un paisaje de costa, barrancos y fincas tradicionales donde la abeja trabaja sobre floraciones locales variadas fundamentalmente olivos. El clima suave del noroeste de la isla, la diversidad de flora y el manejo respetuoso de las colmenas dan lugar a una miel de flores con identidad propia, ligada al territorio y a la apicultura local.